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En la vida cotidiana somos capaces de percibir los objetos en tres dimensiones espaciales. Además, contamos con la dimensión del tiempo, que avanza en una sola dirección. Sin embargo, de la mano de sugerentes estudios actuales como, por ejemplo, los que ha llevado a cabo la teoría de las cuerdas, tenemos noticia de otras dimensiones posibles allende el universo observable. En ellas, las partículas materiales constituyen “estados vibracionales” espaciotemporales. Este trabajo pictórico encuentra un punto de arranque e inspiración en la posibilidad de soñar estos espacios inexplorados, quizá inexplorables.

A través de capas de transparencia y distintas densidades de pintura, se intenta trazar planos espaciales que, sin contar con un orden y relación temporal nítidos, ofrecen un juego de diversas profundidades, logradas a punta de sombras y de proyección de espacios inexistentes. Esta serie de capas, que pretende barruntar ignotas dimensiones, no remite a experiencias claras, definidas y fácilmente reconocibles. Las dimensiones que se sugieren constituyen una especie de borrador o ensayo proveniente del recuerdo afectivo y asociativo; son, en efecto, espacios o lugares de una memoria subjetiva y productiva, no meramente receptiva, enclavada en el mundo onírico.

Una de las improntas de este experimento pictórico es la falta de claridad y definición; los tamaños y aspectos se resisten a encontrar una formación clara y las relaciones espaciotemporales huyen de la nitidez. Pese a lo anterior – y quizá a causa de ello–, mi obra invita fuertemente a descubrir en las formas no reconocibles aquellos lugares del universo personal, algo fantasmáticos, furtivos y múltiples. Los fragmentos de líneas, que simulan cuerdas y huesos, pueden contribuir a enlazar los espacios flotantes y oníricos con la experiencia del propio cuerpo e historia; son, también, elementos simbólicos que insisten sobre tridimensionalidad y tiempo.

© Copyright 2020 Paulina Cerda